Viajar a Marruecos en 10 experiencias

Viajar a Marruecos experiencias

A veces, cuando pensamos en viajar a un lugar exótico, miramos demasiado lejos, cuando, en realidad, hay lugares excepcionales delante de nuestras propias narices. Viajar a Marruecos sería un formidable ejemplo. Una enorme cantidad de culturas, costumbres, ciudades imperiales, pueblos perdidos, paisajes de contrastes, así como una gastronomía deliciosa. Y está aquí al lado.

Pongamos entonces que decides viajar a Marruecos próximamente. Si es así, te proponemos diez experiencias que te permitirán entender la auténtica esencia de este país del norte de África y vivir su gran diversidad desde el este al oeste.


  1. Las callejuelas de Tánger
  2. Dormir en un Riad de Marrakech
  3. El Zoco de Rissani
  4. El desierto de Merzouga
  5. Paseo por las 4 ciudades imperiales
  6. Los 1.000 Kashabs
  7. Un Hammam en Chaouen
  8. Un Tajine en Fez
  9. Las playas del Atlántico
  10. Escalada en el Atlas

1. Las callejuelas de Tánger

Lo dicho: estamos muy pero que muy cerca de Marruecos. Es decir, pegados. Para ser exactos, el estrecho que nos separa, el de Gibraltar, tiene una longitud de 14,4 kilómetros. La ciudad y el puerto de Tánger han sido durante milenios la puerta de acceso de Europa a Africa. Las callejuelas algo decadentes y nostálgicas de su Medina rezuman historia.

Es imprescindible que darse una vuelta entre los muros de una fortaleza portuguesa del siglo XV y respirar profundamente. Allí se ha fraguado la histórica comunión entre los musulmanes, judíos y cristianos. Vale la pena conocer lugares como el museo del Legado Americano, la Fundación Lorin (en una antigua sinagoga) o el museo de la Kasba de las Culturas Mediterráneas.

2. Dormir en un Riad de Marrakech

Los riads son antiguas casas-palacio de arquitectura tradicional marroquí, restauradas y convertidas en hoteles de pocas habitaciones, distribuidas dos o tres plantas y entorno a un jardín o patio interior al aire libre. Típico arabe.

Son alojamientos que podrás encontrar en casi todo Marruecos. Hay de todo tipo y categoría. Pero el lugar perfecto es Marrakech, por supuesto. Enclavada a los pies del Atlas, esta ciudad es ruidosa, caótica y sucia. Pero es fascinante. Siempre recomendamos el Riad Kheirredine, un auténtico lujo o el Riad Dar Darma, muy próximo a la famosa plaza Jemaa El Fna.

3. El zoco de Rissani

Existen muchos zocos en Marruecos. El de Marrakech o Rabat son los más conocidos. Son muy habituales en el país. El regateo es el deporte nacional. Al sur de Marruecos, casi entrando en el desierto, precisamente, se encuentra uno de los zocos más originales que se pueden visitar: el de Rissani. Allí se monta los martes, jueves y domingos un mercadillo al aire libre en el que se comercia con animales como ovejas y burros, este último uno de los principales medios de transporte de la zona.

Hay de todo y el caos es frenético. También es posible comprar especias, hierbas, carnes, vegetales y frutas. Los colores, los ruidos y los aromas se mezclan de una manera brutal. Por cierto, se pueden conseguir los dátiles más buenos que probarás nunca.

4. Por las dunas del desierto

Pasamos del burro al camello o al surf. Una de las experiencias más excepcionales de Marruecos es adentrarse en el desierto de Merzouga en camello o deslizarse por sus dunas en una tabla. De hecho, para el que no lo sepa, mucha parte del rodaje en las dunas de la película «Lawrence de Arabia» se rodó en este rincón de Marruecos.

El desierto de Merzouga, casi tocando la frontera argelina, es una de las partes más alucinantes de Marruecos y, si la finalidad es hacer una excursión al desierto en camello, dormir en una haima y ver la noche estrellada y el amanecer con la arena dorada, hay que poner rumbo a las dunas de Erg Chebbi, el destino perfecto. Está a unos 500 kilómetros de Marrakech y, pese a que su nombre significa “pequeña duna”, muchas dunas superan los 250 metros de altura y cambian de color dependiendo de la hora del día. Por cierto, allí se puede hacer también el sandsurfing o surf en la arena.

5. Paseo por las ciudades Imperiales

Otra de las experiencias que no te puedes perder por nada del mundo es la visita de alguna de las medinas de las ciudades imperiales de Marruecos. Son Marrakech, Fez, Rabat, capital del Reino, y Meknès. Declaradas en su momento Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. De hecho, nos gustaría dedicarle unas palabras a esta última ciudad: Meknès.

De las cuatro ciudades, Meknès es la menos conocida. Sin embargo, tiene mucho interés. Te sugerimos explorarla y conocer la puerta Bab el-Mansour, la Plaza el-Hedim, el Mausoleo de Mulay Ismaíl o la Madraza Bou Inania, desde donde podrás disfrutar de unas vistas únicas de la ciudad. Al norte de la ciudad en plena llanura y declarado patrimonio mundial, el yacimiento romano Volúbilis puede visitarse sin apenas restricciones de acceso y conserva excelentes mosaicos y un flamante museo. Es el monumento arqueológico mejor preservado de Marruecos.

6. La ruta de los 1.000 Kasbahs

Los kasbahs o alcazabas son fortificaciones construidas en adobe típicas de origen bereber en Africa del norte. Les servía de defensa frente a ataques de intrusos o de tempestades de arena. Desde lejos parecen castillos, altos, imponentes, majestuosos. La ruta de los 1.000 Kashabs tiene su inicio en Ait Ben Haddou, y sigue en Ouarzazate, donde puedes visitar la increíble Kasbah Teourirt.

Desde aquí puedes proseguir hasta Agdz, en el Valle del Draa, un precioso oasis en el que podrás contemplar varios kasbahs más. Más adelante alcanzarás el Valle del Dadés, en N´Kob, donde coexisten más de 50 kasbahs y un impresionante palmeral. A partir de aquí, aparecen Tinghir, las Gargantas del Todrá y la Kasbah Tizzarouine. La última parada de la Ruta de las Mil Kasbahs es el Valle de las Rosas, conocido por ser el lugar en el que se fabrica el agua de rosas.

7. Un Hammamm en Chaouen

Cuando toca relajarse, hemos de pensar en un Hammam, los antiguos baños públicos árabes. En Marruecos hay muchísimos. Es un espacio no solo para el relax, sino también para hacer sociedad. Proceden de la época romana y suelen contar con piscinas de agua templada, para pasar luego a la caliente y finalmente acabar en la fría. Además, una sala de vapor (los famosos baños turcos) y otra de baños aromáticos. Es un lugar silencioso, donde manda el descanso y la recarga de energías.

El pueblo de Chauen es perfecto para probar un Hammam. Allí los tienen muy locales y es posible mezclarse con la gente de allí y conocer un poco más su manera de ser. El-Blad es una buena opción que se encuentra junto a la plaza principal de Chefchaouen. Las mañanas son para hombres. A partir del mediodía es solo para mujeres. La experiencia total dura una hora aproximadamente. El objetivo es dejarse llevar por los beneficios del agua y liberarse de impurezas y salir con el cuerpo más limpio y la mente más clara.

8. Comer un Tajine en Fez

En cualquier viaje que te plantees, has de comer bien. Y hacerlo degustando la gastronomía del lugar en el que estés. En Marruecos hay muchos platos apetecibles. Pero hay uno esencial: el tajine. Su nombre procede del recipiente en el que se cocina, hecho de barro cocido y con tapa cónica que mantiene el calor y el vapor durante y después de la cocción. Para elaborar un delicioso tajine hay que freír los alimentos primero y luego estofarlos lentamente en este utensilio. De cordero, de pescado, de pollo, de verduras, con cuscús, frutos secos, aceitunas… 

Un restaurante en Fez es un magnífico lugar para probarlo. El Riad Louna es una casa típica marroquí con una terraza muy agradable para disfrutar de la comida y donde tendrás una bonita vista y, si tienes suerte, un poco de brisa fresca.

9. Las playas del Atlántico

Si decides viajar a Marruecos, vale la pena acercarse a la costa atlántica, en Agadir, y desde allí a Essaouira. Es una carretera que bordea el mar y tiene su gracia. El aire conserva cierta autenticidad a pueblo pesquero. Hay dos playas muy tentadoras: Taghazout y Tamri, la primera es muy apreciada entre los surferos de todo el mundo, se dice que es la meca del surf en Africa.

Luego toca Essaouira. Es un pueblecito que tiene cierto encanto, de esos con gaviotas graznando en el puerto, un zoco de artesanos y una genuina Medina amurallada – Patrimonio de la Humanidad – donde conviven un entramado de callejuelas con aroma a especias.

10. Escalada en las Gargantas del Todrá

Es cierto que la finalidad de este viaje es experimentar la fuerza espiritual que reside en el desierto. Sin embargo, el camino que nos lleva hasta allí es inolvidable. Es una de las rutas en coche más impresionantes de Marruecos: desde las gargantas del Dadés hasta las del Todra. Hay miradores en varios puntos de la carretera. 

En pleno Alto Atlas, la montaña está partida literalmente en dos por el paso del agua. En algunos puntos las paredes de los cañones de 100 metros de altura solo tienen 33 metros de ancho. Son auténticas brechas. Es impactante. Asombroso. Por cierto, cada año, muchos aficionados a la escalada llegan aquí desde todo el planeta.

Por Pedro y Christian, fundadores de Humboldt Society, viajes personalizados.

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